psicología

Crisis Social: ¿Cuál es su impacto en nuestra salud mental?

Unas semanas atrás, Chile comenzó a vivir una profunda transformación social. Diversas manifestaciones a lo largo del país han sido el eco de una sociedad que quiere expresarse y visibilizar sus demandas, produciendo un clima de agitación que impacta la salud mental de los ciudadanos.

Pero ¿cómo puede todo esto y también otras situaciones de emergencia, como catástrofes naturales, afectar nuestra salud mental? El complejo escenario que hemos vivido se convierte en un evento estresor, ya que aumentan los niveles de incertidumbre por lo que es natural que las personas experimenten diversas reacciones emocionales como la angustia, el temor, la inseguridad, la intranquilidad y la sobrealerta, como respuesta frente a algo que la psiquis identifica como una amenaza para la integridad física y/o mental.

Desde el punto de vista más clínico también pueden instalarse los trastornos por ansiedad. Si bien existen varios, como la crisis de pánico y la ansiedad generalizada, éstos comparten como elemento en común una ansiedad excesiva difícil de manejar, que altera significativamente la vida de la persona y su desempeño en una o más áreas de su vida (laboral, académico, familiar, etc.). Frente a estos síntomas, es importante consultar con un especialista en salud mental.

Algunas recomendaciones que podrían ser de utilidad para enfrentar estos momentos como los mencionados son, en primer lugar, reconocer y validar las emociones como una reacción natural y esperable; segundo, hablar sobre el tema con nuestro círculo más cercano, ya que al compartir nuestras opiniones y experiencias tenemos la oportunidad de fomentar el diálogo, escuchar, ser escuchados y formar una red de apoyo y contención; tercero, pensar que lo que estamos viviendo tiene duración definida, por lo tanto, poco a poco se irá normalizando la rutina, el orden y se recuperará la tranquilidad; cuarto, buscar espacios de autocuidado personal y familiar, procurando realizar actividades que beneficien la salud física y mental; por último, usar el pensamiento crítico frente a lo que nos muestran los medios de comunicación. Para ello es necesario filtrar y no dar por cierto todo lo que vemos o escuchamos, de lo contrario, sólo conseguiremos agobiarnos y acrecentar nuestro malestar.

¿Qué pasa con los niños? Ellos no están ajenos a lo que está ocurriendo. También forman parte de la sociedad, observan, escuchan, tienen preguntas y se forman sus propias opiniones. Al igual que los adultos, tendrán respuestas emocionales de variada duración e intensidad, como el miedo y la sensación de inseguridad. Pueden experimentar algunos cambios conductuales, por ejemplo, no querer separarse de sus padres o cuidadores o mostrarse más inquietos de lo habitual.

Es fundamental que los adultos actuemos con nuestro ejemplo para transmitirles tranquilidad, que seamos cuidadosos con nuestros comentarios para no incrementar el temor, que respondamos sus preguntas procurando que las respuestas sean precisas y con un lenguaje acorde a la edad del niño (a). No es conveniente mentirles o mantenerlos ajenos a la realidad, ya que esta es una oportunidad de formar al niño(a) en los aspectos valóricos, éticos y sociales. Para ello, contarles lo que está ocurriendo y pedirles su opinión y sentir al respecto los ayudará a comprender y a reducir la sensación de incertidumbre.

Finalmente, debemos supervisar lo que ven en televisión o redes sociales, evitando sobreexponerlos a información de contenido violento y actuando como agentes de contención y guía para entregarles calma y seguridad.

 


Por Ana Del Río Cerón
Psicóloga Clínica Usach
Diplomada en Psicología Escolar Pucchhace

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